Decir adiós también es amar
- Cinthya Urbina

- 3 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 ago 2025
Cuando alguien que amamos parte —ya sea por fallecimiento, una separación o un cambio definitivo en la relación— el corazón queda suspendido en un lugar entre la ausencia y el recuerdo. Nos enfrentamos al vacío, al silencio, a todo lo que no pudimos o no supimos decir.
Pero despedirnos no es solo cerrar una etapa. Es un acto profundamente humano y sagrado que nos permite honrar lo vivido, ponerle palabras al amor, y abrir espacio en el alma para seguir adelante sin dejar atrás lo importante.
La despedida: un puente entre el dolor y la gratitud
La despedida de un ser querido nos ayuda a integrar la experiencia. Nos permite aceptar que esa presencia física ya no estará, pero que su huella, su enseñanza, su energía, continúan de otras formas.
Decir adiós también es amar, al no despedirse dejamos asuntos abiertos, palabras atrapadas, emociones sin cauce. Cuando postergamos la despedida, el duelo se vuelve más confuso y prolongado. Por el contrario, cuando nos damos un tiempo y un espacio para decir adiós —aunque duela— estamos cuidando nuestra salud emocional y nuestro vínculo con la vida.

El alma necesita despedirse
Desde una mirada espiritual, la despedida de un ser querido es una forma de liberar, de soltar sin olvidar, de acompañar con amor a quien parte y de permitirnos a nosotros mismos continuar.
Muchas veces no sabemos cómo despedirnos. Pensamos que llorar es un signo de debilidad, o que hablar del tema hará más difícil el proceso. Pero es justo al nombrar la pérdida, al reconocerla con palabras y con presencia, cuando empezamos realmente a sanar.
Despedirse no es dejar de amar. Es una forma de amar más profundamente, con consciencia, con compasión, con gratitud. Es decir: “Te honro por lo que fuiste en mi vida. Me duele tu ausencia, pero te llevo conmigo desde otro lugar”.
Honrar para sanar
Cada persona necesita despedirse a su manera. Para algunas será en silencio, para otras escribiendo, conversando con amigos, haciendo un gesto simbólico, recordando con amor.
Lo importante es entender que la despedida no es un punto final. Es una transición. Es darle un lugar a esa persona en nuestra historia para que su memoria pueda vivir en nosotros sin lastimar, sino iluminar.
Un mensaje final
Si estás atravesando una pérdida, permítete el permiso de sentir, de hablar, de llorar. Date tiempo. La despedida no tiene prisa, pero tampoco puede ignorarse. Tarde o temprano, el alma buscará ese momento de cierre, no para olvidar, sino para agradecer y seguir.
Porque cada adiós verdadero es también una semilla de vida nueva.
¿Te acompañamos?
En Movimiento Sistémico creemos que las despedidas conscientes pueden transformar el dolor en amor y el duelo en claridad. Si sientes la necesidad de despedirte de un ser querido y requieres apoyo para honrar a alguien que ha partido o deseas un acompañamiento respetuoso y amoroso en tu proceso, estamos aquí para ti.
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